29 oct. 2016

Rouge

Rouge era el nombre de un antiguo pueblo cuya vida estaba mediada por la sangre. La sangre clasificada, decretaba lo que uno debía ser en su vida.
Podríamos pensar que esto no hace de Rouge un pueblo especial, pues la mayoría funcionaba igual. Hoy día, hay gente con buena sangre. Mi vecina, por ejemplo, tiene sangre rica, de chica supo que sería dueña de su departamento, donde vive plácidamente, pero además dueña de este departamento también, donde estoy sentada contando esta historia y de muchos otros más.
Pero Rouge era contundente. No era el padre, el abuelo, ni siquiera el país y su posición en el escalón más globalizado del mundo, quien decidía tu futuro, sino la sangre -caliente, viva- lo hacía por vos.
Al nacer recibías un golpecito en la espalda y una aguja te succionaba un cachito de sangre. De acuerdo a su reacción mezclada con otra sustancia, la criatura recibía su don o su condena. La sangre oscurecía, aclaraba, desprendiendo las cualidades necesarias y el laboratorista informaba cuanto de sacerdote guardabas o que tan alto estaba tu nivel de maestranza.
Hasta que un día nació un niño que rechazaba todo registro, ningún patrón indicaba su futuro. Las autoridades del pueblo pidieron investigarlo, aunque nadie dio precisa información. Lo dejaron nomás, confiados en que cuando el pueblo lo necesitara, su sangre se manifestaría.
Los años pasaron y al cumplir 18 el joven despertó con una terrible sensación. Sus tripas se estremecieron, miró sus manos temblar y entonces supo que todo cambiaría.
Salió temprano de su casa mientras el pueblo aún dormía. Forzó la entrada de la armería del centro y cargó un bolso con todo lo que su cuerpo pudiera arrastrar. Voló el laboratorio y la cabeza de cuantos se interpusiera en su camino. Minutos más tarde fue coronado rey, mientras un científico determinó que su sangre gozaba de una pureza inexplorada y que sus descendientes obviamente compartirían.
Qué suerte que Rojo fue olvidado, que sería de mi vecina si la declararan lavacopas, tiene las manos más delicadas que yo conozco, eso no sería justo.

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